Para muchos, la mayor de las Pitiusas es un paraíso terrenal. Playas cristalinas, sol, despreocupaciones… Y los altos cargos de la UNESCO también supieron apreciar y darse cuenta de todo lo que la isla puede ofrecer. Más concretamente se dieron cuenta allá por el año 99, cuando Ibiza fue oficialmente declarada patrimonio de la humanidad. Y no se dieron cuenta una vez, sino cuatro. Ha sido declarada en cuatro ocasiones patrimonio de la humanidad gracias –en parte- a su antigua tradición pirata. Uno de ellos es el monumento de Dalt Vila, el recinto amurallado más conocido de la isla, que es considerado además la fortaleza mejor conservada de todo el Mediterráneo. Su catedral y sus callejuelas laberínticas hacen de este pueblecito un lugar casi mágico.

Como decíamos antes, Dalt Vila guarda una estrecha relación con los piratas. Toda su muralla se debe a los antiguos ataques corsarios que se producían en la isla. Y es que esta relación de Ibiza con los piratas es más bien de ‘película’. Allá por la Edad Media había un movimiento corsario bastante caótico, pólvora y canciones sobre el ron. Para simplificar lo que ocurrió dentro de los límites ibicencos, esta historia de navíos parece un poco como esas típicas películas ambientadas en el instituto en que la protagoniza una chica enamorada del típico capullo. Pero que al final pega un cambio BRUTAL y se venga de él. Como decía, durante el medievo los piratas venidos de las tórridas costas africanas solían ir a saquear Ibiza. La cosa es que la isla estaba prácticamente desprotegida y la gente que vivía allí no tenía nada con que protegerse.

Como os imaginaréis, aunque el botín fuese más bien… ‘pobre’, Ibiza era un la joya de la corona para los piratas, así que iban allí cuando les apetecía y se llevaban a los autóctonos para hacerles esclavos. (Hasta aquí la primera parte de la película donde el tío se aprovecha de la muchacha) Muchos siglos después, (más concreto en el XVIII), la situación da un cambio inesperado (sí, hemos llegado al momento en el que la chica comienza a preparar su venganza). Muchos ibicencos, que habían consagrado su vida al mar, dejan las redes y se meten de lleno en el mundo de la piratería. Con el beneplácito de los reyes, estos nuevos corsarios cogieron la sartén con el mango y se la devolvieron a aquellos que les atormentaron durante del medievo hasta esos días. Los temi- bles piratas ibicencos esclavizaron y protegieron la ciudad a la par que se hacían con tesoros. No nos olvidamos de las otras grandes maravillas reco- nocidas por la UNESCO como las grandes praderas de Posidonia oceánica, una planta que da alimento a un montón de fauna acuática. O la Necrópolis de Puig des Molins, un paraíso ideal para los amantes de la historia fenicia que nos descubrió un sinfín de restos históricos, monedas, cerámicas… Tampoco podéis dejar de visitar el yacimiento de Sa Caleta, al que la UNESCO consideró como “un testimonio excepcional de la urbanización y la vida social de las colonias feni- cias en el Mediterráneo Occidental”.

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