Ibiza no acaba solamente en una noche de farras bestial en una de sus famosas discotecas. La isla posee un encanto natural que tampoco se centra únicamente en su clima o en la sensación de bienestar que la inunda. Nos estamos refiriendo en este caso a la cantidad de pueblecitos que existen dentro de sus costas, donde se respira un aire de tranquilidad, de artesanía y de la Ibiza más autóctona.

Empezamos nuestra ruta recomendando con la localidad de San Carlos, situada en el noreste de la isla. San Carlos es un pueblecito muy pequeño que cuenta con algunos ejemplos de la arquitectura mediterránea, como su iglesia, construida en 1785. Da la oportunidad de perderse en un lugar acogedor y probar la gastronomía que ofrecen sus bares. En especial no os podéis perder los licores típicos que preparan allí. Además, posee unas playas y calas que hacen de este pueblo un destino envidiable para los amantes de las puestas de sol.

Santa Gertrudis es otra de nuestras propuestas, este pueblecito del interior se ordena en torno a una iglesia del S.XVIII. Cuenta con un montón de tiendas y bares, que dan la oportunidad de poder apreciar la artesanía local o disfrutar de una cena tranquila por la noche. Sus casitas blancas y el arte que hay en sus calles hacen que nos sintamos más que nunca dentro de la vida mediterránea. Santa Gertrudis es para muchos un punto de encuentro de artistas venidos de todas partes de Europa (incluso muchos se han quedado) que han traído una tradición cultural súper jugosa. Aunque destaque por sus pequeños comercios, está rodeada por un paisaje agrícola natural que os dejará con la boca abierta.

Nuestra próxima parada es en el noroeste de Ibiza. En Santa Agnès de Corona (también conocido como Santa Inés) encontrarás bonitas muestras de la arqui- tectura local, como su iglesia blanca o sus casas. Para muchos, la primavera en este pueblecito se ha convertido en una visita esencial tanto para los turistas como para los propios ibicencos. Hablamos de sus almendros en flor, que le dan un toquecillo casi mágico. De todas maneras, cualquier época del año es perfecta para dejarse caer por este destino, es una oportunidad genial para disfrutar de un día fuera de preocupaciones y admirar la naturaleza y poder rela- jarse en los poquitos bares que existen en Santa Agnès. Otro gran ejemplo para que Ibiza se aleje de esa imagen tan estereotipada de fiesta-hospital-fiesta se trata de San Mateo o Sant Mateu d’Albarca, que al igual que Santa Inés, se encuentra en la zona noroeste. Su impresionante iglesia blanca destaca ante todo y continúa con la tradición arquitectónica ibicenca.

Aunque San Mateo no destaque precisamente por grandes cosas que ver, sí que se ha convertido en uno de los lugares favoritos de sus visitantes gracias a su sencillez y tranquilidad como a las rutas de senderismo. El pla de Sant Mateu es una de las rutas más atractivas para los que se decanten para los forofos de esta acti-
vidad debido a las vistas que ofrece este páramo lleno de árboles frutales (almendros, viñedos…) Esta zona de cultivo ha pasado a ser un destino que no os podéis perder en San Mateo. También produce el vino payés más famoso de Ibiza, ¡acer- caos a probar unas copas y un trozo de pan con sobrasada!

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