JUAN MARÍ JUAN FUNDADOR DE LAS DALIAS

«CONSTRUÍ LAS DALIAS CON PIEDRA DE S’ARGENTERA»

¿QUÉ RECUERDOS CONSERVA DE SU NIÑEZ EN SANT CARLES? 

Cuando era pequeño vivía en la casa familiar, llamada Can Besora. Éramos tres hermanos. Mis padres murieron y quedamos los tres niños con los abuelos. Eran tiempos difíciles. Por la mañana, uno de nosotros iba a la escuela mientras los demás se tenían que encargar de guardar el rebaño de ovejas. Hay que tener en cuenta que en aquella época no todas las familias podían permitirse el lujo de mandar a sus niños a la escuela. De hecho, lo más normal era que los pequeños se ocuparan de las ovejas. Crecimos de este modo. Hoy en día, todo el mundo sabe leer y escribir, pero en aquel tiempo, el que sabía escribir una carta ya sabía mucho.

¿CÓMO EMPEZÓ LAS DALIAS?

En el año 1954, compré un solarcito de 2.000 metros cuadrados por el que pagué 2.000 duros (60 euros), que me prestó Joan d’en Morna. Desde luego, eso entonces era mucho más dinero de lo que sería hoy. Fue en ese pequeño solar donde construí el bar. Más tarde, compré otro trozo más de terreno. Pero el asunto está en que, para empezar, entonces no se podía hacer baile, baile agarrado, se entiende. No estaba permitido. Pero como el suegro estaba un poco enchufado en el Ayuntamiento, acabamos haciendo bailes y, además, cobrábamos alguna entrada.
Ya digo que pagué 2.000 duros. Entonces era mucho dinero. Si ibas a la Caja de Pensiones con dos fianzas te daban un pequeño crédito. Pero en esa época hablar de 1.000 duros (30 euros)… ¡madre mía! En el solar no había nada: un algarrobo grande y una pared. No había nada de nada. La piedra para construir el bar la traje del Puig de s’Argentera. La arrancábamos con dinamita. La sacábamos del Puig Ferrer y de s’Argentera. Y a carretadas, con un carro de calaix, la traíamos para acá. Hay que tener en cuenta que entonces no había bloques de hormigón ni cemento. Un día que estábamos trabajando en la construcción, no sé qué paso, pero se ve que me di un golpe y me desmayé, y el caballo me lamió hasta que me desperté.

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«SOMOS DE COLORES»

¿CÓMO EMPEZÓ EL MERCADILLO HIPPY? 

Esto se debió a una mujer, Helga Watson-Todd, que tenía una galería de arte, El Mensajero, en Santa Eulària. Fue a ella a quien se le ocurrió montar el mercadillo hippy en el jardín de Las Dalias. Empezó con cinco puestos tan solo. Esto sucedió en 1985. Después de haber llevado la galería El Mensajero durante diez años, abrió la Galería de Las Dalias, que funcionó un año. Al frente del mercadillo estuvo tres o cuatro años. Después se fue a Londres, aunque luego volvió. La verdad es que, por aquel entonces, el mercadillo aún no era una actividad muy grande dentro de Las Dalias. Seguía siendo más bien un restaurante de paellas, carne a la plancha, etc. En esa época montamos los primeros conciertos de cierta importancia, con Estudios Mediterráneo, Medina Azahara, etc. Y hacia 1990 hicimos la primera ampliación del mercadillo.

CUANDO CONSTRUYÓ AQUEL BAR CON LA PIEDRA DE S’ARGENTERA, ¿IMAGINABA QUE LAS DALIAS LLEGARÍA A SER LO QUE ES HOY? 

Nadie se lo podía imaginar. Ni tampoco era la intención llegar a esto. Al principio, los peluts, que era como llamábamos a los hippies, se reunían en el porche de la iglesia. Era gente que venía en barco, sin papeles ni nada. Venían a buscar otro mundo, lejos de todos los problemas y conflictos de la época. Los peluts se conformaban con lo que podían y aceptaban lo que les dabas. Venían aquí sin nada, pero se buscaban la vida.

¿CÓMO VE EL FUTURO DE LAS DALIAS?

Todavía le queda mucha cuerda a Las Dalias. Esto está claro. Aún le espera mucha vida por delante.

«NADIE SE LO PODÍA IMAGINAR NI TAMPOCO ERA LA INTENCIÓN LLEGAR A ESTO»

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